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miércoles, 27 de febrero de 2013

EL BUENO Y EL MALO


Mirando a los niños jugar, empiezo a recuperar imágenes en mi cabeza de cuando yo era un niño.

Me gustaba jugar a los héroes y los villanos, donde con un guion escrito, el bueno siempre ganaba o debía ganar al malo, mis amigos y yo siempre luchábamos para ver quien hacía de héroe, era un honor ser el mejor de todos y tener la seguridad que el bien, esta de mi parte y que nada puede conmigo.

Cuando me tocaba hacer de villano, aun con resignación, jugaba con cierta excitación dentro de mí por ser mejor que el héroe, de pillarlo y vencerle, demostrándole que aunque ya no fuera yo el héroe yo seguía teniendo esa verdad que me daría fuerza para conseguir todo lo que quiero.

Que fácil parecía todo de pequeños, nos enseñaban que existía el bien y el mal, que conducta nos hacia buenos o malos, que decisiones nos harían bien o mal.....

Al crecer te das cuenta de que todas esas creencias no eran así, ya vienen los condicionantes y vemos que hay una cierta escala de lo que es más bueno o más malo y hay vamos moviéndonos según nuestra situación.

Así como en la naturaleza, existe el día y la noche, en el ser humano existe la polaridad.

 "Todo es dual; todo tiene polos: todo su par de opuestos, los semejantes y desemejantes son los mismos; los opuestos son idénticos en naturaleza, difiriendo sólo en grado; los extremos se tocan; todas las verdades, son semiverdades todas las paradojas pueden reconciliarse".


Un ejemplo en un plano físico, encontramos que el calor y el frío son de naturaleza idéntica, siendo la diferencia simple cuestión de grados. El termómetro indica los grados de temperatura, siendo el polo inferior el llamado "frío" y el superior "calor". Entre ambos hay muchos grados de calor y frío, pues cualquier nombre que se les dé es correcto. De dos grados, el superior es siempre más caliente en comparación con el inferior, que es más frío. No hay absolutamente un tipo fijo: todo es cuestión de grado. No hay ningún sitio en el termómetro en el que cese el calor y comience el frío absolutamente. Todo se reduce a vibraciones más o menos elevadas o bajas. Las mismas palabras "elevado" y "bajo" que nos vemos obligados a usar, no son más que polos de la misma cosa: los términos son relativos. Así sucede igualmente con él "Este" y el "Oeste". Si viajamos alrededor del mundo en dirección al este, llegamos a un punto que se llama occidente, considerándolo desde el punto de partida. Marchemos suficientemente lejos hacia el Norte y pronto nos encontraremos viajando hacia el Sur y viceversa.

La luz y la oscuridad son polos de la misma cosa, con muchos grados entre ambos. La escala musical es la misma. Partiendo del sí, en adelante llegaremos a encontrar otro si y así sucesivamente, siendo las diferencias entre los extremos también cuestión de grado. En la escala del color sucede otro tanto, siendo la intensidad vibratoria la única diferencia que existe entre el rojo y el violeta. Lo grande y lo pequeño son cosas relativas. Igualmente lo es el ruido y la quietud, lo duro y lo blando, lo afilado y lo romo. Positivo y negativo son los dos polos de una misma cosa, con innumerables gradaciones entre ambos.

Bueno y malo no son cosas absolutas; a un extremo lo llamamos bueno y al otro malo, o bien al uno y mal al otro, de acuerdo con el sentido que queramos darle. Una cosa es menos buena que la que le es superior en la escala, pero esa cosa menos buena, a su vez, es mejor comparada con la que tenga el más o el menos regido por la posición que tenga en la escala.

"más amor" o "menos odio", si ascendemos por ella, o "menos amor" si por ella descendemos, y esto es cierto, sin importar nada el punto, alto y bajo, De la misma manera sucede en el plano mental. El amor y el odio son considerados como diametralmente opuestos, completamente diferentes e irreconciliables. Pero si aplicamos el principio de polaridad, encontraremos que no existe un amor absoluto o un odio absoluto, diferentes uno de otro. Los dos no son más que términos aplicados a los dos polos de la misma cosa. Empezando en cualquier punto de la escala, encontramos que tomemos como partida. Hay muchos grados de amor y de odio, y existe también un punto medio donde el agrado y el desagrado
se mezclan en tal forma que es imposible distinguirlos. El valor y el miedo quedan también bajo la misma regla. Los pares de opuestos existen por doquier. Donde encontremos una cosa, encontraremos también su opuesta: los dos polos.

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